Hay partidos que invitan a reflexiones esenciales. ¿Qué es el fútbol? ¿Qué significa jugar bien? ¿Cuándo estamos ante un gran equipo? ¿Qué es el poder? En ese viaje traumático a las profundidades del Sur suburbano, el Madrid se descubrió a sí mismo y lo que encontró no le gustó nada. El equipo que le expuso a sus miserias fue el Alcorcón, un grupo armadito y alegre que salió a divertirse. Consiguió con creces su propósito. El Alcorcón se lo pasó en grande. Jugó con el orden y la complicidad que caracteriza a los equipos de barrio. Y en los barrios, ya se sabe, el fútbol es una cosa muy seria. Sólo así puede comprenderse su asombroso despliegue, su respeto por el juego y sus ganas de corresponder con esfuerzo a la emoción que sentían. Para los chicos de la Agrupación Deportiva la visita del Madrid fue un regalo. La gente celebró su dedicación con una ovación cerrada que fue en aumento con los minutos. En este ámbito, el Madrid aparentó estar compuesto mayoritariamente por gente molesta, incómoda, arrastrada a un andurrial por las bravas. La conclusión fue natural. El Alcorcón jugó como un gran equipo y salió vencedor. Continua…